Una terraza cálida, una noche fresca, estrellada e iluminada por el centro histórico de la ciudad, y un pintor que constantemente coqueteaba con el público a través de su carisma y peculiar sentido del humor; así el Café Coyoacán albergó a La Rosa Teatro desde Jujuy, Argentina con “Un hombre de infinitas palabras”, en el marco del VI ENTEPOLA Aguascalientes, México 2019.

Germán Romano en conjunto con Alejandro Vázquez Zúñiga (IMAC-ENTEPOLA México) y David Musa (ENTEPOLA Chile) sorprendió al público hidrocálido con una adaptación de “El Túnel”, novela de Ernesto Sabato; en la que por primera vez en 20 años de presentarla en su país y en Latinoamérica, decidió entregarse plenamente a Juan Carlos Castel (personaje de la historia), olvidándose de todo a su alrededor.

Esta obra fue una adaptación realizada por Romano hace 20 años pero que tiene un tinte contemporáneo por el levantamiento del feminismo, la reivindicación de la lucha de las mujeres, el poder denunciar la violencia de género. Si bien la novela se escribió en 1945 y está considerada como policiaca sobre un crimen pasional, hoy más que nunca es una obra sobre la violencia de género, de extremas pasiones, del avasallamiento de los derechos de la mujer; que más allá de la poesía con la que fue escrita por el autor, hay un enfrentamiento con la realidad para el espectador.  

Germán da vida a “Juan Pablo Castel”, un reconocido artista plástico en Buenos Aires que tiene una visión particular de la sociedad y que lo hace adorado en momentos por la gente, pero odiado cuando se desata la ira, los celos y la apropiación de la vida de María.

Foto Claudia Castro

Siendo un espacio poco común para una puesta en escena, el público se encontraba a la expectativa de lo que sucedería, la luz baja, la música de fondo, y de pronto aparecen los tres personajes (originalmente es un unipersonal, sin embargo, por única ocasión integró a dos cómplices entepoleros) cruzando las mesas hasta ‘el estudio de arte’, el músico (Alejandro Vázquez) se integró a un costado y Juan Carlos suelta la bomba “yo maté a María”. Lo relevante de la historia es el tema del hilo conductor del asesinato, desde la introspección de lo humano; el mensaje de que nadie puede tomar justicia por creer que se es dueño de una persona.

Habla de los extremos pasionales, por ello el público cautivo son los jóvenes con el fin de enfrentarlos con los resultados del descontrol emocional, a través de una historia de violencia de género aunque desde una poética muy sensible, y que el público no se percata que lo están “concientizando”, por así llamarlo.

Foto Claudia Castro

¿Qué hay detrás de El Túnel?

Una ruptura amorosa y complicada llevó a un argentino a llegar a una provincia lejana a su ciudad natal, “a Jujuy caí porque el destino quiso que conociera a esa tierra maravillosa, entre el afán de hacer teatro y olvidar a esa relación amorosa a la que había dañado yo -así como Juan Pablo Castel hizo todo para arruinarla- sentí esa misma conexión con el personaje porque estaba muy enojado con la vida y estando entre cerros encontré mucha paz”.

Germán Romano cuenta que estando a punto de caerse de hambre, con el autoestima lastimado y casi teniendo que dejar el teatro para dedicarse a otro rubro, recordó la historia de Juan Carlos y María, “El Túnel fue esa oportunidad de sostenerme, hizo que explotar a un universo de teatro que fue la Rosa Teatro, que después lograra hacer ENTEPOLA Argentina, la Escuela de Teatro, el programa de televisión cultural y ahora la editorial con todo un equipo de agentes culturales. Mucha gente veía cómo trabajaba, acercándose poco a poco al teatro”. Es por ello que se considera que esta obra es el verdadero nacimiento del fenómeno teatral en la provincia de Jujuy, Argentina.

“Lo grandes transformaciones como seres humanos tienen que ver con cosas auténticas, no es que uno quiera hacer una obra para que se viera bonito todo, no, aquí hay una raíz que se llama pasión y transparencia, amor por el teatro”.

Para este actor, director, productor argentino amante de la cultura mexicana, el poder presentar esta obra en el marco de un Encuentro como lo es ENTEPOLA significó un sueño más cumplido, “esta profesión me ha regalado tanto que no puedo más que estar agradecido, por ejemplo, yo conocí esta terraza (Café Coyoacán) hace un par de años sin que estuviera arreglada, y me propuse que algún día iba a actuar en ella, hoy lo logré con mis dos amigos entrañables Álex y David”.

En ese sentido, reconoció que esta vez fue un tanto egoísta con el público pues, aunque tuvo ciertos momentos de improvisación para integrarlos, se avocó a disfrutar su personaje, la historia y el momento, “Fui muy egoísta hoy, moví todo para cumplir un sueño, y lo disfruté tanto que no hay palabras para explicarlo. La gente tan cálida, la música, la terraza, el clima, las campañas que sonaban justo en los momentos más precisos… Fue mágico para mí”.

Foto Claudia Castro